Alimentación y cáncer: ¿cómo influye la dieta en el riesgo de cáncer?
Descubre qué relación existe entre alimentación y cáncer y cómo la dieta, el peso, el alcohol y otros hábitos pueden influir en el riesgo.
Maria Castel
9/6/20267 min leer


¿Puede la alimentación influir en el riesgo de desarrollar cáncer?
La respuesta es sí, aunque es importante aclarar que no existe una dieta capaz de prevenir todos los tipos de cáncer ni un alimento concreto que pueda evitar por sí solo la aparición de un tumor.
El cáncer es un conjunto de enfermedades muy diferentes entre sí y su desarrollo depende de numerosos factores, como la edad, la genética, el tabaquismo, el consumo de alcohol, la actividad física, la composición corporal, determinadas infecciones y diferentes factores ambientales.
La alimentación es uno de los factores sobre los que podemos actuar. Mantener un patrón de alimentación saludable a lo largo del tiempo, realizar actividad física y evitar el consumo de tabaco y alcohol puede contribuir a reducir el riesgo de desarrollar determinados tipos de cáncer. La Organización Mundial de la Salud estima que una proporción importante de los casos de cáncer puede prevenirse actuando sobre factores de riesgo modificables.
Por eso, cuando hablamos de alimentación y cáncer, es más útil pensar en el conjunto de nuestros hábitos que en un alimento concreto.
¿Qué relación existe entre alimentación y cáncer?
La relación entre alimentación y cáncer es compleja.
La dieta puede influir indirectamente en el riesgo de cáncer a través del peso corporal y la composición corporal, pero también existen determinados alimentos y patrones dietéticos que se han relacionado con un mayor o menor riesgo de algunos tipos de cáncer.
Por ejemplo, los patrones alimentarios caracterizados por un mayor consumo de frutas, verduras, legumbres y cereales integrales, y un menor consumo de carne procesada, carne roja y alimentos con elevada densidad energética, se relacionan con un perfil más favorable de riesgo.
Esto no significa que comer un alimento concreto provoque o evite un cáncer. El riesgo depende del conjunto de la alimentación y de otros factores mantenidos durante años.
Alimentos y hábitos que pueden influir en el riesgo de cáncer
1. Frutas y verduras
Las frutas y verduras forman parte de una alimentación saludable y aportan fibra, vitaminas, minerales y numerosos compuestos bioactivos.
La evidencia disponible respalda que una alimentación rica en alimentos de origen vegetal puede contribuir a reducir el riesgo de determinadas enfermedades crónicas y algunos tipos de cáncer.
Por ello, es recomendable incluir una buena variedad de frutas y verduras a lo largo del día.
No es necesario buscar una fruta o verdura concreta con propiedades "anticáncer". Lo importante es la variedad y la frecuencia dentro del patrón alimentario habitual.
2. Fibra y cereales integrales
La fibra dietética se encuentra principalmente en alimentos vegetales como frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales.
Existe evidencia especialmente consistente sobre la relación entre una mayor ingesta de fibra y un menor riesgo de cáncer colorrectal.
Algunas opciones para aumentar el consumo de fibra son:
Legumbres.
Frutas enteras.
Verduras y hortalizas.
Avena.
Pan integral.
Pasta integral.
Arroz integral.
Frutos secos y semillas.
Más que centrarse únicamente en contar gramos de fibra, puede ser más sencillo aumentar progresivamente la presencia de estos alimentos en la alimentación diaria.
3. Carne procesada y carne roja
La relación entre determinados tipos de carne y cáncer es uno de los temas que más dudas genera.
La carne procesada incluye productos que han sido transformados mediante procesos como salazón, curado, fermentación, ahumado u otros procedimientos destinados a mejorar su conservación o sabor.
La carne procesada está relacionada con un mayor riesgo de cáncer colorrectal. Por este motivo, las recomendaciones de prevención del cáncer aconsejan evitar o reducir su consumo.
En cuanto a la carne roja, la evidencia también relaciona un consumo elevado con un mayor riesgo de cáncer colorrectal, aunque la relación es diferente de la observada para la carne procesada. Por ello, se recomienda limitar su consumo y variar las fuentes de proteína.
Esto no significa que sea necesario eliminar completamente la carne roja de la alimentación.
Una alimentación saludable puede incluir diferentes fuentes de proteína, como:
Legumbres.
Pescado.
Huevos.
Carne blanca.
Frutos secos.
Derivados de la soja.
Y, dentro de una alimentación variada, cantidades moderadas de carne roja.
4. Alcohol y cáncer
El alcohol es uno de los factores relacionados con el cáncer sobre los que existe una evidencia especialmente sólida.
La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) clasifica el alcohol como carcinógeno para los seres humanos. Su consumo se relaciona causalmente con diferentes tipos de cáncer, entre ellos los de cavidad oral, faringe, laringe, esófago, hígado, colon, recto y mama.
Además, cualquier bebida alcohólica puede contribuir a este riesgo, independientemente de que se trate de vino, cerveza o bebidas destiladas.
Por este motivo, desde el punto de vista de prevención del cáncer, cuanto menor sea el consumo de alcohol, menor será el riesgo asociado.
No debemos considerar el vino una excepción por el hecho de formar parte tradicionalmente de algunos patrones alimentarios.
5. Peso corporal, alimentación y cáncer
El exceso de grasa corporal se relaciona con un mayor riesgo de desarrollar determinados tipos de cáncer.
La OMS identifica el sobrepeso y la obesidad entre los factores relacionados con diferentes tipos de cáncer, como algunos cánceres de esófago, colorrectales, mama, endometrio y riñón.
Esto no significa que el peso corporal pueda utilizarse para determinar el riesgo individual de cáncer de una persona. El cáncer es una enfermedad multifactorial.
Desde el punto de vista de la prevención, el objetivo debería ser mantener unos hábitos saludables que puedan mantenerse a largo plazo, en lugar de recurrir a dietas muy restrictivas o intentar alcanzar un peso determinado a cualquier precio.
6. Actividad física
La alimentación no debe analizarse de manera aislada.
La actividad física regular forma parte de las recomendaciones de prevención del cáncer y también contribuye al mantenimiento de una composición corporal saludable.
Por ello, una estrategia de prevención debería contemplar tanto la alimentación como el movimiento diario y el ejercicio.
No es necesario que toda la actividad física sea deportiva. Caminar, desplazarse andando, subir escaleras o realizar ejercicio estructurado son diferentes formas de aumentar nuestra actividad física.
7. Alimentos ultraprocesados y cáncer
En los últimos años se ha investigado ampliamente la relación entre el consumo de alimentos ultraprocesados y diferentes enfermedades.
Los alimentos muy procesados pueden presentar cantidades elevadas de sal, azúcares libres o grasas poco saludables y, además, pueden desplazar de la alimentación a alimentos con mayor densidad nutricional. La OMS recomienda que la base de una alimentación saludable sean alimentos poco o mínimamente procesados, dentro de un patrón variado y equilibrado.
Por ello, más que obsesionarnos con clasificar cada producto como "bueno" o "malo", puede ser más útil que la mayor parte de nuestra alimentación esté basada en:
Frutas y verduras.
Legumbres.
Cereales integrales.
Frutos secos y semillas.
Pescado.
Huevos.
Alimentos proteicos variados.
Alimentos poco procesados.
Y reservar los productos con mayor contenido de azúcares, grasas o sal para un consumo menos frecuente.
8. Sal y alimentos conservados
Una alimentación con un consumo elevado de sal y determinados alimentos conservados mediante salazón se ha relacionado con un mayor riesgo de algunos tipos de cáncer.
Por ello, es recomendable moderar el consumo de alimentos muy ricos en sal y prestar atención tanto a la sal añadida en casa como a la cantidad presente en productos procesados.
La OMS recomienda limitar el consumo de sal en adultos a menos de 5 gramos al día.
¿Existe una dieta para prevenir el cáncer?
No.
No existe una dieta que garantice prevenir el cáncer.
Tampoco existe un alimento, suplemento, zumo o planta que pueda sustituir las estrategias de prevención que han demostrado ser útiles.
Lo que sí podemos hacer es adoptar un patrón de alimentación que contribuya a reducir determinados factores de riesgo.
En términos generales, las recomendaciones pasan por:
Consumir abundantes frutas y verduras.
Incluir legumbres con frecuencia.
Priorizar cereales integrales.
Consumir suficiente fibra.
Variar las fuentes de proteína.
Limitar la carne procesada.
Moderar el consumo de carne roja.
Evitar o reducir el consumo de alcohol.
Limitar el consumo habitual de alimentos con exceso de sal, azúcares y grasas poco saludables.
Mantener una actividad física regular.
Evitar el aumento excesivo de grasa corporal.
Estas recomendaciones coinciden con las principales recomendaciones internacionales para la prevención del cáncer.
¿Los suplementos y las vitaminas previenen el cáncer?
Es frecuente encontrar suplementos comercializados con mensajes relacionados con la prevención del cáncer.
Sin embargo, más vitaminas no significa necesariamente más protección.
En personas que no presentan una deficiencia, tomar grandes cantidades de vitaminas o suplementos antioxidantes no debe considerarse una estrategia general para prevenir el cáncer.
La prioridad debería ser conseguir los nutrientes necesarios mediante una alimentación variada y utilizar suplementos cuando exista una indicación concreta.
Además, algunos suplementos en dosis elevadas pueden resultar perjudiciales.
Por ello, antes de utilizar suplementos con el objetivo de prevenir una enfermedad, es recomendable consultar con un profesional sanitario..
Entonces, ¿qué podemos hacer desde la alimentación?
No podemos controlar todos los factores que influyen en el desarrollo del cáncer.
Pero sí podemos trabajar sobre determinados hábitos.
Una alimentación orientada a la prevención debería buscar principalmente:
Más alimentos vegetales
Frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales.
Más variedad
No es necesario comer siempre los mismos alimentos. La variedad facilita una alimentación nutricionalmente adecuada.
Menos carne procesada
Reducir su presencia habitual en la alimentación.
Moderación con la carne roja
Variar las fuentes de proteína.
Menos alcohol
Desde el punto de vista del riesgo de cáncer, evitar el alcohol es la opción de menor riesgo.
Más movimiento
La actividad física forma parte de la prevención.
Una alimentación sostenible
No se trata de seguir una dieta perfecta durante unas semanas, sino de desarrollar hábitos que puedan mantenerse durante años.
¿Quieres mejorar tu alimentación?
Cada persona tiene unas necesidades, horarios, preferencias y circunstancias diferentes. Por eso, no creo en las dietas milagro ni en las restricciones innecesarias.
Como dietista, puedo ayudarte a mejorar tu alimentación de una forma personalizada, realista y basada en la evidencia.
Trabajaremos tus hábitos y objetivos teniendo en cuenta tu situación y buscando que los cambios puedan mantenerse a largo plazo.
¿Tienes dudas sobre cómo mejorar tu alimentación?
Pudes solicitar una consulta inicial gratuita de 15 minutos para conocer mi forma de trabajar y explicarme tu situación en el siguiente link: https://mariacastel.com/consulta-inicial-gratuita-
Fuentes y referencia
Ortega Anta RM, Requejo Marcos AM, dirs. Nutriguía. Manual de Nutrición Clínica. 3.ª ed. Madrid: Editorial Médica Panamericana; 2025. ISBN: 978-84-1106-216-9